Rentas periódicas: qué son, para qué sirven y cómo conseguirlas

Por Rentamarkets

27 abril 2021

A la hora de ahorrar e invertir, el interés compuesto es un gran aliado para los inversores que tienen un horizonte de inversión en el largo plazo. Aunque es importante, los inversores y ahorradores deben conocer otras herramientas que pone el mercado a su disposición para poder conseguir una fuente de ingresos sostenida en el tiempo, de ahí que hoy vayamos a profundizar en un nuevo concepto, el de rentas periódicas.

Como su propio nombre indica, la renta periódica es una cantidad que se percibe con una periodicidad determinada a cambio de una inversión. Tal y como detalla Proyecto Edufinet, estas rentas se categorizan en función de cuatro variables: según su cuantía (fija o variable), según su vencimiento (prepagable o pospagable), según su duración (temporal, vitalicia o perpetua) y según el momento de valoración (inmediatas, diferidas o anticipadas).

De esta forma, a la hora de obtener un rendimiento por un capital los inversores tienen la opción de elegir entre la modalidad de acumulación (todos los rendimientos se suman al principal y se obtienen de una vez) o la modalidad de distribución, que permite la obtención de un flujo de efectivo constante que permita completar otros ingresos, como por ejemplo el cobro de la pensión.

¿Cómo conseguir rentas periódicas?

Simplificando mucho, el inversor minorista en España tiene tres grandes maneras de obtener una fuente regular de rentas mediante instrumentos de inversión convencionales:  invirtiendo en acciones que pagan dividendos, en bonos o en fondos con un componente de reparto de rentas (income). Ciertamente hay más, pero vamos a excluir de este análisis las rentas obtenidas por el alquiler de inmuebles, por considerarlo un activo alternativo, y las rentas que se podían obtener tradicionalmente con depósitos y cuentas corrientes, por haber caído su remuneración hasta prácticamente 0 como consecuencia del entorno de tipos negativos.

En el primer caso, es posible obtener un flujo de rentas mediante la inversión en compañías cotizadas que destinan una parte de sus beneficios (pay out) al pago de dividendos, es decir, una remuneración que se entrega al accionista con carácter trimestral, semestral, anual o incluso extraordinario si la compañía ha tenido un año excepcional.

El inversor que opte por este medio para obtener rentas debe saber varias cosas: la primera, que no todas las compañías remuneran a sus accionistas; la segunda, que dicha remuneración puede ser en efectivo, pero también se puede ser en acciones, lo que se conoce como “script dividend”. La tercera, que el pago del dividendo es independiente a la evolución de la cotización de la acción, lo que quiere decir que es posible que el inversor perciba esta renta, pero que esté perdiendo dinero igualmente por una evolución negativa de la compañía en bolsa. De hecho, el mal comportamiento en bolsa, los malos resultados obtenidos o incluso la presión del regulador – véase la recomendación del BCE a la banca de suspender el pago de dividendos temporalmente como respuesta a la pandemia- pueden fomentar que la compañía decida recortar o incluso cancelar el pago de su dividendo.

En el segundo caso, el inversor puede obtener una renta mediante la inversión en bonos, que tienen también dos componentes de valoración: el precio del bono, que fluctúa en el mercado de renta fija, y el cupón, que es una cantidad fija que se paga periódicamente al bonista. La inversión en bonos soberanos y letras del Tesoro ha sido tradicionalmente una fuente de rentas atractivas para inversores conservadores, pero esto ha cambiado en los últimos años también como consecuencia de los estímulos cuantitativos extraordinarios impulsados por los bancos centrales, que han contribuido a reducir enormemente los rendimientos que ofrecen esta clase de bonos. Esto ha obligado a los inversores a buscar dentro del universo de la renta fija otros bonos con remuneraciones más atractivas (bonos corporativos con grado de inversión o high yield, bonos de países emergentes), incrementando el riesgo asumido a cambio de obtener una rentabilidad más atractiva.

Finalmente, la tercera opción consiste en la búsqueda de fondos de inversión que tengan un componente de pago de rentas, es decir, que ofrezcan a los inversores la posibilidad de contratar su clase de distribución. Es importante tener en cuenta que pueden ser fondos que invierten en acciones, bonos, una mezcla de ambos o incluso otras clases de activos, para no confundir esta opción con la inversión en fondos que invierten de manera temática en acciones que pagan dividendos. La posibilidad de contratar la clase de distribución en vez de la clase de acumulación permite al inversor obtener por parte del fondo un cupón con una rentabilidad determinada que se distribuyen con una periodicidad prefijada, que puede ser anual, semestral, trimestral o incluso mensual en función del vehículo seleccionado.

Como explica en este artículo Morningstar, los fondos que ofrecen clase de distribución presentan varias ventajas para el inversor minorista. La más importante, que al invertir en una cesta diversificada de activos permite reducir el impacto sobre las rentas de que una de las compañías incurra eventualmente en un impago, mientras que lo habitual en un inversor minorista es que tenga parte de su dinero en unas pocas o tan solo una compañía, por lo que su cartera puede sufrir más.

Actualmente están disponibles para su venta en España numerosos fondos que ofrecen la posibilidad de contratar una clase de distribución. Desde Rentamarkets acompañamos a los inversores en el proceso de selección de estos productos para encontrar aquellos que sean más adecuados para su perfil de riesgo y para cumplir sus objetivos financieros. Puede obtener más información sobre cómo contratar nuestros productos y servicios a través de nuestra página web.

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