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Llega el año 2025 y nos tenemos que comprar un coche nuevo. Nos dan a elegir entre un motor de combustión (los de toda la vida), un híbrido y un eléctrico. ¿Con cuál nos quedamos? Si eres como yo, probablemente hayas optado por el eléctrico. Las cosas pintan mal para la combustión: emisiones, prohibiciones, mala prensa, depreciación… Y eso del híbrido, ¿para qué quedarme con un producto a medio hacer si ya tengo el completo?

La demanda de coches la formamos tú, yo y todos los otros compradores potenciales. Y esto es lo que otros dieciséis mil potenciales compradores dicen:

Pues vienen a decir lo mismo que tú y que yo: preferimos el eléctrico. El coche del futuro, vaya. Algún despistado ha escogido el de combustión y alguien le dio sin querer al híbrido. Pero da igual porque éstos no tienen ni idea.

¿Qué se dice por el lado de los fabricantes?1 Como podemos ver en el siguiente gráfico, todos ellos prevén, en mayor o menor medida, que la principal tecnología siga siendo la combustión —señalado en las barras azul marino.


 

Vaya… aquí la imagen que pintan es algo diferente. ¡A ver si los que no tenemos ni idea somos nosotros!

Si todos los potenciales compradores formamos la demanda, nuestra contrapartida —la oferta— la forman los fabricantes. Por lo tanto, estudiar qué dicen éstos es importante, ya que plantean una buena aproximación de la capacidad productiva en el futuro.

¿Por qué los productores no quieren el eléctrico? ¿Es que no les importa el medioambiente? ¿Es que no les da la gana? Pues a ver, en parte es porque no les da la gana y en parte, además, por una buena razón. No les da la gana porque en los últimos años han tenido mucha presión para cumplir con la regulación, para que ésta luego cambie. No olvidemos la fuerte inversión que los fabricantes han tenido que hacer en la mejora de la tecnología diésel, que hoy el propio regulador quiere extinguir, a pesar de que los fabricantes han conseguido que sea más limpia que la gasolina.2 Como es normal, éstos quieren amortizar las inversiones antes de darlas por perdidas.

Sin embargo, la principal razón detrás de estas estimaciones es que, simple y llanamente, la tecnología no está lo suficientemente desarrollada y existen serias dudas de que lo esté para 2025. No es que la tecnología del coche eléctrico no exista; lo que no existe una tecnología capaz de satisfacer, de manera económica, cuotas de mercado tan altas. El principal problema está en las baterías: su coste, la disponibilidad de los materiales, la capacidad productiva, la durabilidad, la autonomía o la rapidez y capacidad de recarga, entre otras.

Si bien es cierto que la tecnología avanza a pasos de gigante, las expectativas avanzan aún más rápido.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que si el foco está puesto en el eléctrico, las mejores oportunidades de inversión estarán lejos de esas luces. Podemos aprovechar la reciente caída en las valoraciones de todo el sector, para posicionarnos en contra al consenso a buenos precios. El siguiente gráfico muestra el rango de valoración histórico del sector, señalando los máximos y mínimos de los últimos catorce años. Como podemos ver, hoy está en niveles que no veíamos desde el año 2013 —señalado con el guion azul marino.


 

Las ventas han sido indiscriminadas, ignorando que no todos los riesgos afectan a todas las compañías. Uno de los factores que más ha pesado, ha sido la disrupción generada con el coche eléctrico. Pero si encontramos una compañía que no se vea tan afectada como parece, estaremos ante una buena idea de inversión.

Una de ellas es Schaeffler. Va hasta arriba de motor de combustión. Hasta arriba, arriba, vaya.

Si la llegada del eléctrico no es tan rápida como se piensa, Schaeffler tiene negocio para rato. Existe además una posibilidad real de que la competencia directa, de menor tamaño, abandone o infra-invierta en combustión. ¿Para qué invertir en una tecnología que tiene los días contados? El mercado se está centrando en los riesgos, ignorando otros caminos posibles que puede tomar el sector.

También hay un truco importante: los coches híbridos llevan un pequeño motor de combustión (además de otro eléctrico). Pasaríamos de un mercado como el de combustión, que decrece, a uno que no: la combinación de combustión e híbrido. Lo vemos en el siguiente gráfico —la combinación de combustión e híbrido está señalada en las barras azul antracita.


 

¿Nos estaremos centrando demasiado en el coche eléctrico o existen vías alternativas rentables? Quién sabe, tal vez la verdadera oportunidad, como inversores, esté en el motor de combustión.

 

AVISO: Schaeffler es una de las compañías que tenemos en el fondo a fecha de publicación de esta entrada.


1. Aquí tenemos fabricantes de componentes: de grandes a pequeños, con mayor o menor exposición al coche eléctrico, más o menos amenazados por él, presentes a lo largo de toda la cadena de valor (de materiales para baterías a la transmisión o la carrocería) y que abastecen, entre todos ellos, al ≈100% de los diferentes fabricantes de coches.
2. En términos de CO2, aunque no de NOX.